Brozas es una villa y municipio español de la provincia de Cáceres, en la comunidad autónoma de Extremadura. Dentro de la provincia, forma parte administrativamente del partido judicial de Cáceres y de la mancomunidad Tajo-Salor. Se ubica geográficamente en el oeste de la penillanura trujillano-cacereña, a medio camino entre la capital provincial y la frontera con Portugal sobre la carretera EX-207.
El término municipal de Brozas, cuya única entidad de población es actualmente la propia villa, abarca una superficie de 398,84 km², lo que lo convierte en el sexto municipio más extenso de la provincia, extendiéndose desde la orilla derecha del río Salor hasta unos cinco kilómetros al sur del Tajo. En 2021, el municipio tenía una población de 1790 habitantes.
El asentamiento fue fundado en el siglo XIII como una de las aldeas que la Orden de Alcántara creó en los territorios de su capital, la villa de Alcántara del reino de León, para repoblar esta zona recién reconquistada. Su ubicación, en medio de una gran llanura a medio camino entre las villas de Alcántara, Cáceres y Garrovillas, resultó militarmente estratégica para la Orden, que en poco tiempo decidió establecer aquí su encomienda mayor y construir el castillo de Brozas. En 1537, el rey Carlos I elevó a Brozas a la categoría de villa. Aunque la economía de Brozas siempre estuvo basada en la agricultura y ganadería, su amplio término, su situación administrativa y su carácter de nudo de comunicaciones llevaron a asentarse aquí a unas poderosas nobleza y burguesía, con lazos familiares con las aristocracias de las principales localidades de la penillanura.
La villa llegó a tener una población de seis mil habitantes en momentos como el siglo XVI o la primera mitad del siglo XX, pero desde la década de 1940 está sufriendo un fortísimo éxodo rural que le ha llevado a perder más de dos terceras partes de su población. Este éxodo rural, unido a su destacable pasado, ha permitido conservar aquí uno de los mejores cascos antiguos de la provincia, entre cuya arquitectura vernácula se conservan decenas de monumentos tanto civiles como religiosos, destacando entre ellos la iglesia de Santa María la Mayor de la Asunción, una de las obras religiosas no catedralicias más importantes de Extremadura. En septiembre de 2016, la Junta de Extremadura declaró a esta villa bien de interés cultural, con categoría de conjunto histórico.
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